Presencia Global
6 de Julio de 2022 | 12:30
Industria

Vivir en Madrid protegidos por rejas de seguridad

¿Cuántas veces hemos querido sentirnos seguros y a salvo en cualquier circunstancia, sea caminando por la calle, en el trabajo o en casa de un amigo? Lo cierto es que no siempre es posible sentirse así, excepto en un espacio específico: nuestro propio hogar. Sin duda, la casa en la que vivimos, solos o acompañados por familiares, amigos o incluso mascotas, es nuestro santuario, o debería serlo. ¿Acaso existe la posibilidad de que no lo sea? Solo si se dan unas condiciones arquitectónicas que nos causen inseguridad. Por ejemplo, puede ocurrir que vivamos en un primer piso bajo, que incluso veamos por la ventana de nuestro cuarto a la gente caminando por la acera. Inevitablemente se nos llena la cabeza de imágenes de allanamientos. ¿Podríamos evitar esa posibilidad? Sí, si recurrimos a la instalación de rejas, o bien, al cerramiento de terrazas de aluminio en Madrid, allá donde vivamos.

No obstante, hay una razón para poner Madrid como ejemplo, y las personas que vienen de ciudades más pequeñas o de pueblos, esas que tienen que pasar un tiempo viviendo en la capital, lo saben perfectamente. Las grandes ciudades, muy pobladas, masificadas y auténticos centros neurálgicos de la vida social, pueden ser abrumadoras, e incluso pueden agobiar, si no estamos acostumbrados a ellas. Por lo tanto, los primeros días, semanas o meses que vivamos en ella, y si además se dan condiciones como las anteriormente mencionadas, es perfectamente natural y comprensible sentir inseguridad respecto a quién podría entrar en nuestro piso sin permiso. Es entonces cuando la idea de instalar rejas en Madrid se nos presenta clara y obvia en nuestra cabeza.

Parece la mejor opción y, sin duda, lo es. Las rejas de seguridad no solo son resistentes y están hechas para blindar puntos de entrada vulnerables, sino que sus diseños intentan ser lo más estilísticos y agradables posibles. A fin de cuentas, no se trata de sentirnos como si nos hubieran encerrado en una prisión, sino de percibir que el lugar en el que vivimos es, claramente, ese santuario privado y tranquilo. Lo necesitamos más que nunca, ya sean rejas o terrazas de aluminio de Madrid, si queremos habituarnos a una gran ciudad.